Dental Tribune Spain

El síndrome de ardor bucal. Puesta al día

Por Dr. José López López
March 26, 2014

El síndrome de boca ardiente (SBA) se caracteriza por ardor, dolor o quemazón en la boca y sin signos clínicos que evidencien ninguna patalogía en la misma.

Introducción
El síndrome de boca ardiente (SBA) se caracteriza por ardor, dolor o quemazón en la boca y sin signos clínicos que evidencien ninguna patología en la misma. Suele aparecer en mujeres de edad avanzada o en edad media de la vida (1,2). La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor define la entidad como un dolor de más de 4 meses de evolución y que se presenta en la lengua o en otras zonas de la mucosa oral y con ausencia de datos clínicos o de laboratorio que justifiquen dicho dolor. Los diferentes estudios hablan de una prevalencia entre el 0,07% y el 15% (3,4). Además del ardor bucal pueden cursar con sensación de sequedad bucalalteraciones en el gusto, destacando el sabor amargo o metálico de los alimentos, sensación de arena en la boca o boca acartonada (5,6).

Clásicamente la entidad se divide en tres tipos (7) (Tabla 1). Solo en el tipo III los pacientes presentan periodos asintomáticos y estos casos parecen estar más relacionados, con un desencadenante de tipo inestabilidad emocional o contacto con alérgenos (8). El tipo III suele presentar mejor pronóstico. Así pues la clasificación, que no siempre es clara, nos puede orientar a cual debería ser el enfoque del tratamiento o a que especialistas deberíamos remitir al paciente.

La ausencia de criterios claros en el diagnóstico complica los estudios epidemiológicos de la entidad (9). Así nos encontramos trabajos que incluso hablan de cifras cercanas al 33% si las pacientes son postmenopáusicas (9). En lo que sí coinciden los autores, es en su mayor prevalencia en mujeres con respecto a hombres, hasta 9:1 en algunos estudios (10,11), así como el hecho de que no se presenta en niños o adolescentes. A día de hoy, la verdadera causa del cuadro sigue siendo desconocida y si bien no presenta riesgos importantes para la salud, puede reducir de manera muy significativa la calidad de vida de los pacientes, e incluso desestabilizar cuadros depresivos. Suelen ser pacientes con un largo historial de vistas médicas y odontológicas. De hecho, para muchos autores, no está claro si la clínica es la causa o la consecuencia de múltiples dolores crónicos (12,13). El perfil del paciente es bastante específico y suele ser: edad entre 50 y 60 años, una historia de sufrimiento prolongado de dolor crónico. El dolor ha sido tratado por muchos especialistas diferentes, sin obtener ninguna solución al problema. En ocasiones, se acompañada de un perfil emocional inestable, con problemas personales y con un cierto grado de cancerofobia (13,14).

Existen múltiples condiciones que debemos descartar antes de emitir el diagnostico, destacando: candidiasis, lengua geográfica, hiposalivación, reflujo esofágico, hábitos parafuncionales, diabetes, deficiencias nutricionales (hierro, ácido fólico, B1, B2, B6, B12), o efectos adversos de ciertos medicamentos. En todos estos supuestos, al eliminar la causa debería desaparecer la clínica (15).

Discusión
Repasaremos a continuación los aspectos más relevantes de la literatura publicada en los últimos años y, para ello, nos centraremos en la patogenia, la clínica y el diagnóstico y el tratamiento.

Patogenia
Las causas de la entidad las podemos dividir en factores locales, sistémicos y psicológicos (16,17) (Tabla 2). En ocasiones puede relacionarse directamente con un factor patógeno que puede actuar de manera local o sistémica, en especial en los de tipo III (17), pero en otros muchos casos la causa es idiopática. Algunos autores clasifican el síndrome dentro de la categoría del dolor orofacial atípico (18). Para muchos investigadores la xerostomía suele coexistir con este trastorno, pero en todos los estudios no se le confiere el mismo grado de relación (5,19). Los factores sistémicos, tales como deficiencias de vitaminas que, a su vez producen importantes alteraciones en la lengua, también pueden desempeñar un papel importante en el desarrollo del ardor en la boca (19). La diabetes mellitus se acompaña con frecuencia de estomatodinia (20), que se puede producir por dos mecanismos: por neuropatía periférica de los nervios sensoriales de la mucosa oral y/o por el grado de xerostomía asociada con la infección fúngica. Por otro lado, si bien ningún estudio ha demostrado su relación directa entre los trastornos psicológicos y el ardor, la mayor parte de autores opinan que hay una íntima relación, en especial en el inicio del cuadro (5,20,21). Femiano et al., (2) ya en el 2004 demostró que los pacientes que sufren de SBA tienen una disminución de la autoestima, personalidad insatisfecha y han experimentado pérdidas significativas y/o importantes que han motivado cambios en su vida, antes de iniciarse el cuadro. Este mismo aspecto es defendido por Gao et al., (4) o Palacios-Sánchez et al., (21).

Clínica y diagnóstico
La manifestación clínica se describe como una sensación continúa de quemazón y sensación dolorosa que dura todo el día. Su cuadro es crónico y se manifiesta en diferentes zonas de la cavidad bucal. Debe cursar con ausencia de lesiones que puedan justificar los síntomas. Ya hemos dicho que suele acompañarse de sensación de sequedad bucal y de alteraciones en el gusto (5,10,14). La lengua es la localización más común, en especial en la punta y bordes laterales, pero también suele ser frecuente en el labio, sobre todo el inferior (14). Un dato importante es que la sensación dolorosa puede empeorar con algunos alimentos específicos, destacando los picantes, las frutas ácidas o los alimentos muy calientes o muy fríos, mientras que puede mejorar con la ingesta de líquidos, estimulantes salivales o ciertos alimentos como el chicle o los dulces (22).

Los síntomas afectan a la calidad de vida de los pacientes y debido al componente emocional que entraña la entidad, es conveniente que las vistas médicas se produzcan en un ambiente relajado y con tiempo suficiente (23). 

El diagnóstico se basa fundamentalmente en los síntomas clínicos. Es necesario examinar correctamente al paciente, descartando la existencia de patología local y/o sistémica que pueda ser responsable. Es recomendable un análisis de sangre para descartar déficits (8,22,23).

Tratamiento
El tratamiento debe estar enfocado a mejorar la sintomatología. Debido al desconocimiento en la etiopatogenia nos dificulta el avance en nuevos planteamientos (14).

Diferentes y variados productos han sido utilizados con resultados diversos. La capsaicina debido a su capacidad para controlar el dolor neuropático ha sido utilizada durante un tiempo (24,25). Las benzodiacepinas han sido muy investigadas y, dentro de estas, destaca el tratamiento tópico con clonazepam (14,26-28).

Otras benzodiacepinas, así como los antidepresivos tricíclicos y los antisicóticos también han sido utilizados (29-31). Los tratamientos hormonales, la fitoterapia, vitaminas y oligoelementos, antimicóticos, sialogogos o productos como el ácido alfa-lipoíco también han sido utilizados con éxito variable (2,32-34). El láser de baja potencia también ha sido utilizado con resultados contradictorios (35,36).

Para concluir podemos decir que el manejo del cuadro es difícil y muchas veces frustrante para el profesional. Es, no obstante esencial, conocer el entorno del paciente y ser capaz de tranquilizarle. El objetivo principal debe ser proporcionar apoyo al paciente para que sepa romper el círculo: dolor, ansiedad, depresión, en el que ha entrado, y que ayuda a perpetuar los síntomas.

Referencias
1.-Femiano F, Gombos F, Scully C. Burning Mouth Syndrome: open trial of psychotherapy alone, medication with alpha-lipoic acid (thioctic acid), and combination therapy. Med Oral. 2004; 9(1): 8-13.

2.-Salort-Llorca C, Mínguez-Serra MP, Silvestre FJ. Drug-induced burning mouth syndrome: a new etiological diagnosis. Med Oral Patol Oral Cir Bucal. 2008; 13(3): E167-70.

3.-López-Jornet P, Camacho-Alonso F, Andujar-Mateos P, Sánchez-Siles M, Gómez-Garcia F. Burning mouth syndrome: an update. Med Oral Patol Oral Cir Bucal. 2010; 15(4):e562-8.

4.-Gao J, Chen L, Zhou J, et al. A case-control study on etiological factors involved in patients with burning mouth syndrome. J Oral Pathol Med. 2009; 38(1): 24-8.

5.-Soares MS, Chimenos-Küstner E, Subirá-Pifarrè C, et al. Association of burning mouth syndrome with xerostomia and medicines. Med Oral Patol Oral Cir Bucal. 2005; 10(4): 301-308.

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7.-Lamey PJ, Lewis MAO. Oral medicine in practice: Burning mouth syndrome. R Dent J 1989; 167:197-200.

8.-Lamey PJ. Burning mouth syndrome. Dermatolo Clin 1996; 14: 339-54.

9.-Sardella A, Carrassi A. BMS: S for syndrome or S for Symptom? A reappraisal of the burning mouth syndrome. Minerva Stomatolol 2001; 50:241-6.

10.-Grushka M, Sessle B. Taste dysfunction in burning mouth syndrome. Gerodontics 1988; 4:254-8.

11.-Silvestre FJ, Bagán JV, Rojo L. Síndrome de boca ardiente: Estudio clínico y biológico. Rev Actual Odonto Estomatolol Esp 1991; 409:37-42.

12.-Minguez-Sanz MP, Salort-Llorca C, Silvestre-Donat FJ. Etiology of burning mouth syndrome: a review and update. Med Oral Patol Oral Cir Bucal. 2011;16(2):e144-8.

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17.-Lamey PJ, Lamb AB, Hughes A, Milligan KA, Forsyth A. Type 3 burning mouth syndrome: psychological and allergic aspects. J Oral Pathol Med. 1994;23(5):216-9.

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19.-Gorsky M, Silverman S Jr, Chinn H. Burning mouth syndrome: a review of 98 cases. Journal of Oral Medicine 1987;42(1):7–9. Gorsky 1991.

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21. Palacios-Sanchez MF, Jordana-Comín X, García-Sivoli CE. Burning Mouth Syndrome: A retrospective study of 140 cases in a sample of Catalan 22.-Silvestre FJ, Serrano C. El syndrome de boca ardiente: revision de conceptos y puesta al día. Medicina oral 1997; 2:30-8.

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Este artículo a sido publicado en la edición Nº 1 - 2014 de Dental Tribune

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